Daydream significa 'soñar despierto' o un 'ensueño'. Es una palabra compuesta por day (día) y dream (sueño), que describe los pensamientos agradables sobre algo que te gustaría que sucediera.
En "Style", Taylor Swift la usa para describir la mirada de un chico: "that James Dean daydream look in your eye". Esto crea una imagen icónica de un look soñador, rebelde y clásico, que es fundamental para el estilo atemporal del que habla la canción.
¿Alguna vez tuviste a esa persona con la que sabes perfectamente que las cosas van a terminar mal, pero igual te subes a su auto a medianoche? De eso va este tema de Taylor Swift. La historia arranca con un paseo a oscuras, sin luces encendidas ("no headlights" [sin luces delanteras]), directo hacia un choque seguro o el paraíso ("burning flames or paradise" [llamas ardientes o el paraíso]). Taylor admite que debería decirle que se vaya, pero los dos quedan atrapados en el mismo círculo una y otra vez. Se confiesan infidelidades con una frialdad casi cómica: él admite que estuvo con otra chica ("What you heard is true" [lo que escuchaste es verdad]) y ella le responde con total descaro que a ella también le pasó ("I've been there too, a few times" [yo también estuve ahí, un par de veces]). No hay drama ni lágrimas; solo dos personas que aceptan el caos mutuo.
La magia del tema está en cómo Taylor describe esa atracción usando pura estética visual clásica. Él tiene esa vibra rebelde de James Dean ("James Dean daydream look" [esa mirada soñadora de James Dean]), con camiseta blanca y pelo engominado hacia atrás ("slicked back" significa peinado con gel hacia atrás, el típico look de chico malo de los años 50). Ella contrarresta con labios rojos ("red lip classic thing" [ese toque clásico de labios rojos]) y falda corta. La frase central, "we never go out of style" [nunca pasamos de moda], usa la expresión "go out of style", que se usa para prendas que ya nadie viste. Aquí significa que, por más que choquen y se destruyan ("when we go crashing down" [cuando nos estrellamos]), su atracción es como unos jeans viejos o una camiseta blanca: nunca deja de funcionar.