"Pride" es la canción de alguien que vuelve a casa y ya no la reconoce. Empieza con "My home don't feel the same" (mi casa ya no se siente igual) y "Brooklyn don't feel the same" (Brooklyn ya no se siente igual). Fíjate en el "don't" en lugar de "doesn't": es inglés coloquial, muy común en canciones, aunque la gramática de libro diga otra cosa.
El narrador está perdido en el barrio que lo crió, se compara con su padre ("my father was twice the man", mi padre era el doble de hombre) y ahoga la duda en alcohol: "Another drink down the drain" (otra copa por el desagüe), y diez más antes de subir al avión. Hay detalles muy concretos, como enamorarse del vino en Francia o no devolver una llamada por estar aprendiendo a bailar.
El estribillo es pura terquedad: "I ain't never giving up my pride" (nunca voy a renunciar a mi orgullo) y "I ain't never ever gonna sell my soul" (jamás voy a vender mi alma). "Ain't never" es una doble negación del inglés informal que, lejos de anularse, refuerza el "nunca". Y "I won't fold" usa "fold", doblarse, en el sentido de rendirse, como quien se retira en una partida de póker. Al final todo se resume en "Take or leave who I am" (tómame o déjame como soy): un poco de cabezota, pero muy sincero.