Givrées significa «escarchadas» o «cubiertas de hielo». Es una palabra poética y poco común que describe las ventanas de los trenes de Kiev, cubiertas de escarcha por el frío.
La imagen refuerza la atmósfera nostálgica y helada de la canción, donde el viaje y la distancia se mezclan con el deseo de reencontrarse.
En «Kiev», Vanessa Paradis, artista francesa, convierte una ciudad en el punto de encuentro de dos personas separadas. La letra mezcla nieve, labios, manos y recuerdos: «Des neiges de Kiev» [Las nieves de Kiev] aparece junto a «Des baisers brûlés» [Besos quemados], mientras la pregunta «Est-ce si loin, demain?» [¿Está tan lejos el mañana?] deja el tiempo en suspenso. Kiev no se describe como una postal turística, sino como un lugar ligado al deseo y a la espera: allí todavía queda «ce goût de ce mois doux» [ese sabor de aquel mes dulce].
La canción también juega con contrastes muy físicos: «Des chaleurs glacées» [Calores helados] y «Des trains pressés / Aux vitres givrées» [Trenes apresurados / Con los cristales cubiertos de escarcha]. El estribillo propone una especie de viaje por encima de la distancia: «Il faudra se survoler» [Habrá que sobrevolarse] y «Apprendre à garder les rêves» [Aprender a conservar los sueños], hasta reencontrarse «à Kiev» [en Kiev]. Me encanta que el final no explique si la espera termina de verdad; repite el destino, como si decir su nombre ayudara a mantenerlo posible.