Camélia se refiere a la flor camelia, conocida por su belleza delicada y, a la vez, por marchitarse de forma repentina sin perder su forma. Es una palabra suave que suele usarse como nombre propio y como símbolo poético de fragilidad.
En esta canción, la línea "Camélia ficou viúva" (Camelia quedó viuda) convierte el nombre de la flor en el de una mujer, mezclando lo natural con lo humano. 'Camélia' le da a ese personaje un aire delicado y a la vez trágico.
“Dança da Solidão”, interpretada por Marisa Monte junto a Paulinho da Viola, convierte la soledad en una especie de baile compartido: “Danço eu, dança você / Na dança da solidão” [bailo yo, bailas tú / en la danza de la soledad]. La imagen es bonita y bastante amarga: dos personas se mueven al mismo ritmo, aunque estén atrapadas en la desilusión. La canción usa metáforas muy físicas, como “Solidão é lava que cobre tudo” [la soledad es lava que lo cubre todo] y una amargura que “sorri seus dentes de chumbo” [sonríe con sus dientes de plomo]. Aquí la soledad no es silencio tranquilo, sino algo pesado que cubre, endurece y deja a la persona “resignado e mudo” [resignado y mudo].
Después aparecen pequeñas historias de amor y pérdida: Camélia enviuda, Joana se enamora y Maria intenta quitarse la vida por amor. No se explican sus destinos, y justamente por eso suenan como ejemplos de distintas formas de desilusión. La voz recuerda el consejo del padre, “Meu filho, tome cuidado” [hijo mío, ten cuidado], y admite que al pensar en el futuro no olvida el pasado. En la madrugada, toca la viola mientras contempla la luna llena, pero la canción deja una salida luminosa: “Uma fonte de água pura” [una fuente de agua pura]. Quien beba de esa agua ya no tendrá amargura. Es una promesa sencilla, casi de cuento, que aparece después de tanta tristeza: incluso dentro de la soledad puede existir algo capaz de aliviarla.