Girolles son rebozuelos, unos hongos comestibles de color amarillo, también conocidos como chantarelas. Es una palabra francesa poco común y muy evocadora: en la canción, la narradora cuenta que encontró estos hongos en el mercado esa mañana, un detalle cotidiano que contrasta con su profunda nostalgia amorosa.
En «Et Je T'aime Encore», Céline Dion, artista canadiense, convierte una separación en una lista de pequeños cambios cotidianos. Llega el otoño, el viejo Renault 4 («la 4L») ya murió, Elisa tiene dos dientes, el pequeño Jean ha crecido y la narradora aprende guitarra con solo tres acordes. También compra rebozuelos en el mercado, sueña con vivir en Roma y espera que florezcan sus tulipanes. Después de contar todo eso, llega la frase sencilla que lo cambia todo: «C'est tout je crois, oui, je t'aime encore» [Eso es todo, creo; sí, todavía te amo].
La persona amada está lejos, sin siquiera una dirección, y la esperanza o la espera son su única caricia. La narradora se corta el pelo, sale, recibe invitaciones y siente que todavía la desean, pero ni bailar consigue apartar ese amor: «Mais quand je danse, je t'aime encore» [Pero cuando bailo, todavía te amo]. La repetición de «Et je t'aime encore» [Y todavía te amo] suena cada vez más directa: lo compara con las canciones corrientes, dice que ese amor la devora y admite que la otra persona ni siquiera la oye. La gracia está en el contraste: la vida sigue acumulando detalles, mientras su corazón continúa detenido en la misma frase.