Pica es una palabra muy ingeniosa en esta canción: en el contexto de los tranvías, se refiere al revisor que controla o perfora los billetes, pero también puede significar una fuerte emoción o excitación. Además, tiene un doble sentido coloquial y picante en portugués, lo que hace que el título y el estribillo resulten especialmente memorables, aunque aquí el cantante juega principalmente con el tranvía y el entusiasmo que le provoca.
La canción cuenta una historia de amor muy poco convencional: alguien se levanta temprano, va a la parada y espera el tranvía número siete, aunque confiesa que no lo hace por el viaje. Todo cambia al ver pasar a un pica, el revisor que comprueba y perfora los billetes. Desde entonces, el sonido del alicate le acelera el corazón: “A cada repique, que soa do clique daquele alicate” [con cada repique que suena por el clic de aquel alicate]. El juego de palabras está en pica: aquí es el revisor, pero la palabra también sugiere deseo y excitación. Por eso un trayecto normal se convierte, para el narrador, en “já o destino” [ya es el destino].
El tono es juguetón y exagerado: cuando el siete lo recoge, el corazón se le descontrola tanto que hasta cree que se le cae el billete de la mano. Y qué mala suerte, dice, coincidir en el horario con un empleado de un tranvía de Carris, el servicio de transporte que aparece en la letra. Entonces imagina preguntarle si tiene “livre passe para o peito de alguém” [un pase libre para el pecho de alguien], mezclando el lenguaje de los billetes con una invitación amorosa. “Obliterar o peito” [perforar el pecho] lleva la broma aún más lejos: el revisor podría marcarle el corazón igual que marca un billete. La frase repetida, “Mais nada me dá a pica que o pica do sete me dá” [nada me da la excitación que me da el revisor del siete], convierte una rutina de transporte en su gran aventura romántica.