Astronautteja significa "astronautas" en finlandés, y es la forma partitiva plural de "astronautti". Es una palabra interesante porque el finlandés usa este caso partitivo para hablar de cantidades indefinidas o parciales, algo que el español no expresa con una sola forma, y suena casi como un sueño que enumera posibilidades infinitas.
En la canción aparece en el verso "Prinsessoja astronautteja" ("Princesas, astronautas"), una lista de fantasías infantiles que mezcla lo delicado con lo aventurero, mostrando la libertad de imaginar cualquier futuro posible.
En esta canción, Sanni mira con ironía una vida adulta llena de apariencias y cansancio. Hay relojes a la vista, zapatillas brillantes y estatus que “viiltävät” [cortan] como una cuchilla. Se bebe “bisse bisseltä” [cerveza tras cerveza] y se añaden ceros, mientras la voz pregunta: “Mikä on totta, onko totta enää mikään?” [¿Qué es verdad, queda algo que sea verdad?]. También está harta de apartarse para dejar pasar a otros y de llenar el espacio con palabras: “Kuka täällä oikeesti tekee mitään?” [¿Quién hace algo de verdad aquí?]. El estribillo recuerda el sueño de ser “prinsessoja astronautteja” [princesas y astronautas], pero ese futuro se ha quedado con el vestido hecho jirones y una borrachera de bajón. “Laskuhumala” se refiere precisamente a ese momento después de beber, cuando llega el descenso.
El amor tampoco aparece como un cuento de hadas: se busca “kuin morsian mekkoa” [como una novia busca un vestido], se usa una vez y se guarda en el armario. La petición “Ota mut syliin, pitele, mut älä omista” [abrázame, sujétame, pero no me poseas] es directa y preciosa: necesita cuidado, no control. Luego el tiempo avanza, la piel envejece y las tortitas dan paso a contar calorías. La memoria del verano de 1996, con las rodillas raspadas y una madre que sopla una herida diciendo “anna mä puhallan” [déjame soplar], vuelve la canción especialmente cercana. Pero ahora la pregunta se repite: “Kuka puhaltaa nyt?” [¿Quién sopla ahora?]. Ahí está el golpe de la canción: de niños alguien nos consolaba; de adultos, no siempre sabemos quién lo hará.