Rejaillir significa 'resurgir', 'brotar' o 'volver a surgir con fuerza'. Es una palabra que evoca una imagen vívida de algo que emerge de nuevo, a menudo con energía.
En la canción, Brel canta: "On a vu souvent rejaillir le feu de l'ancien volcan qu'on croyait trop vieux" (Hemos visto a menudo resurgir el fuego del antiguo volcán que creíamos demasiado viejo). Aquí, usa "rejaillir" para expresar la idea de que el amor, como un volcán, puede volver a encenderse con pasión, incluso cuando se creía extinguido. Es una metáfora poderosa y esperanzadora.
Jacques Brel, artista belga, convierte esta canción en una súplica cada vez más desesperada: «Ne me quitte pas» significa «No me dejes». La voz que canta pide borrar los malentendidos y el tiempo perdido: «Tout peut s'oublier» («Todo puede olvidarse»). Después promete lo imposible para que la otra persona se quede: «Je t'offrirai des perles de pluie» («Te ofreceré perlas de lluvia»), traídas de lugares donde no llueve. También imagina un reino en el que el amor sería la ley y la persona amada, la reina. Es una promesa bellísima, aunque un poco exagerada, como si el lenguaje tuviera que inventar milagros para detener una despedida.
La canción se vuelve todavía más humilde. Habla de un volcán antiguo cuyo fuego puede regresar y de tierras quemadas que vuelven a dar trigo, imágenes de una esperanza que insiste después de la destrucción. Pero al final ya no promete conquistar nada: «Je ne vais plus pleurer, je ne vais plus parler» («Ya no voy a llorar, ya no voy a hablar»). Solo quiere mirar a la otra persona bailar, sonreír y cantar, hasta convertirse en «l'ombre de ton ombre» («la sombra de tu sombra»), incluso «l'ombre de ton chien» («la sombra de tu perro»). Esa última imagen es deliberadamente extrema y casi incómoda: muestra cuánto está dispuesto a rebajarse con tal de no ser abandonado.