Drive es un himno de carretera en el que Ed Sheeran nos sube al asiento del copiloto, pone el volumen al máximo y pisa el acelerador. Entre sirenas lejanas y el viento golpeando la cara, la canción retrata la adrenalina de escapar a toda velocidad de la rutina, confiando en que «Dios va a mi lado» y en que un nuevo amanecer aguarda más allá del asfalto. El estribillo con su pegajoso «Ha-la-lay-la» funciona como un mantra que nos recuerda que, a veces, basta con girar la llave, elegir buena compañía y dejar que los neumáticos dibujen el camino.
Pero este viaje no es solo físico. Sheeran convierte el automóvil en metáfora de la libertad interior: quemar el pasado, ignorar el valor del dinero y recordar que la vida consiste en buscar horizontes todavía sin explorar. Con cada cambio de marcha, el cantante nos anima a soltar el miedo, mirar hacia adelante y confiar en que, mientras haya motor y ganas, siempre podremos «pedal down and drive».