En "Chanel No.5", Camila Cabello se pone en el papel de una seductora que sabe exactamente lo que hace. Desde el primer verso tiene el control: "I know what he likes, a cat eye, a black dress" (sé lo que le gusta, un delineado de ojo de gato, un vestido negro). El estribillo lo resume con descaro: "Cute girl with a sick mind" (chica mona con una mente retorcida) y "I know just how to play my cards right" (sé exactamente cómo jugar bien mis cartas). Y el truco final es el perfume: "Wrist, wrist, spritz, spritz" (muñeca, muñeca, un chorrito, un chorrito), dos toques de Chanel N.º 5, el perfume clásico de la marca francesa, y él cae.
Lo más divertido son las comparaciones con Japón, una detrás de otra. "Fold for me like origami" (dóblate por mí como un origami), "Magic and real like Murakami" (mágica y real como Murakami, el novelista japonés famoso por mezclar lo cotidiano con lo fantástico) y "I'm wabi-sabi", la idea japonesa de que lo imperfecto también es bello, por eso sus uñas rojas están desconchadas. También aparecen el umami (el sabor sabroso, "sutil y complejo") y el omakase, ese menú donde decide el chef: aquí decide ella. En la segunda parte se pone todavía más chulita: "I got violence like Tarantino" (tengo violencia como Tarantino) y va "all Valentino", toda de la marca italiana. Es una canción juguetona y un poco exagerada, y la frase "nobody's got me, yet" (nadie me tiene, todavía) deja claro que no se deja atrapar.