"Austin" cuenta una historia de amor entera a través de un contestador automático, y eso la hace muy simpática. Ella se va sin dejar su número, "Said she needed to clear her mind" (dijo que necesitaba aclarar sus ideas), y él supone que ha vuelto a Austin, la ciudad de Texas de la que siempre hablaba. Casi un año después ella llama, y en vez de oír su voz en directo escucha el mensaje grabado: si llamas por el coche, ya lo vendí; si es martes por la noche, estoy en la bolera. Fíjate en "I'm bowlin'" (estoy jugando a los bolos): el apóstrofo sustituye la "g" final, algo típico del inglés hablado del sur de Estados Unidos.
El golpe llega al final del mensaje: "And P.S., if this is Austin, I still love you" (y posdata, si eres Austin, todavía te quiero). Él usa el nombre de la ciudad como apodo para ella. Ella se queda tan impactada que deja caer el teléfono, vuelve a llamar días después y escucha otro mensaje con la misma posdata. Al final es ella quien contesta, con una frase que da la vuelta al juego: "this is no machine you're talkin' to" (no estás hablando con una máquina). Un final romántico y bastante ingenioso.