“So I Sing” de la cantautora estadounidense Carter Faith nos lleva a un viaje íntimo en el que la música se convierte en refugio. Entre discusiones familiares que retumban, puertas que se azotan y pensamientos que gritan dentro de la cabeza, la protagonista descubre que la única medicina efectiva es cantar: desde el primer disco de Eric Church hasta el himno “Amazing Grace” que su mamá entonaba en el asiento trasero del coche. Los recuerdos de los pájaros en el jardín de la abuela, los nombres de leyendas del country como Tammy Wynette y la complicidad de una hermana protectora sirven de hilo conductor para mostrar cómo las canciones pueden transformar el dolor en fortaleza.
La letra celebra la idea de que cantar es una forma de sanar y de encontrarse a uno mismo cuando todo parece desmoronarse. Aunque no sepa exactamente dónde pertenece, la narradora acepta que mientras ella y su guitarra se escuchen, ya tiene hogar. Con un aire de libertad y resiliencia, esta canción anima a enfrentar los propios fantasmas al compás de la música, recordándonos que incluso en los bares más ruidosos, siempre podemos construir un pequeño santuario sonoro donde respirar, sentir y seguir adelante.