Cherry Valley es una postal sonora que Carter Faith envía desde un rincón paradisíaco donde la naturaleza, la música y el amor se mezclan. Entre montañas, fuentes mágicas y amaneceres cristalinos junto al lago, la cantante recuerda el último momento en el que se sintió plenamente feliz. El rasgueo de una guitarra española marca el latido de esa memoria y convierte el paisaje en un refugio casi celestial, un lugar donde todo se siente “demasiado perfecto para ser verdad”.
La letra gira alrededor de un deseo poderoso: volver a ese universo perdido y quedarse allí para siempre con la persona amada. La promesa se repite como un mantra –“I’d never let you go”– y revela tanto la intensidad del cariño como el miedo a perderlo de nuevo. En esencia, la canción celebra la magia de un recuerdo que actúa como brújula emocional, recordándonos que existe un lugar, real o imaginado, donde siempre podemos reencontrar la felicidad.