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¿Alguna vez has sentido que alguien te vende sueños tan dulces como un caramelo que se derrite en tu mano? En Sell Me Candy, la barbadense Rihanna compara la atracción y el coqueteo con un puesto ambulante de golosinas. Él es el “ice cream man” que aparece en el momento justo, susurra promesas azucaradas y despierta una avalancha de sensaciones: cosquillas en los labios, hormigueo en las yemas de los dedos y un deseo casi irresistible de saborear cada fantasía que le ofrece.
La canción es una oda al poder de la tentación. Rihanna muestra cómo las palabras pueden envolvernos como algodón de azúcar, vendernos “cielo y palomas” y hacernos caer rendidos, aun cuando sabemos que esa dulzura puede ser pasajera o incluso prohibida. Entre ritmos pegajosos y metáforas culinarias, la artista celebra el placer de dejarse llevar, recordándonos que, a veces, todos queremos que nos vendan amor envuelto en papel de caramelo… aunque haya un precio que pagar.