Hilary Duff deja a un lado su lado inocente y, con Roommates, nos invita a espiar la montaña rusa de una relación que pasó de ser fuego a convertirse en pura convivencia. La narradora extraña esos inicios llenos de “mariposas” y encuentros clandestinos en un bar de mala muerte; ahora se siente estancada, casi como si compartiera piso con su pareja, sin el más mínimo roce. Entre susurros pícaros y autocríticas divertidas, confiesa sus ganas de volver a esa fase en la que todo era un 10 de 10.
Roommates mezcla humor, deseo y vulnerabilidad para retratar la presión de mantener viva la chispa cuando la rutina aprieta. El tema habla de la nostalgia por el “principio” -el coqueteo, el sexo espontáneo, los “goddamn” de asombro- frente al miedo de convertirse en simples compañeros de cuarto. En el fondo, es un recordatorio de que el amor necesita ser alimentado antes de que la costumbre apague la luz del deseo.